Había una vez, una joven que era bastante curiosa con la comida, siempre que podía comía en casa (lo que hacían sus tías). Y aun así, solo abría la boca para lo que le daba buena vista y solo lo que le gustaba.
Pero luego se salió de la casa de sus tías y aprendió a comer en la calle (porque a la flojirinda no le gustaba cocinar).
Un día en la hora de comida de su trabajo, ella y sus compañeras compraron Empanadas de Atún. La comida era preparada por una señora de otra área y anteriormente ya le habían comprado, pero ella nunca había conocido a la persona que preparaba sus alimentos.
Esta vez, sin embargo, le tocó ir por la comida. Así tuvo oportunidad de conocerla y se entristeció al ver que su aspecto no le había causado una buena impresión. Trató de engañarse entonces, pensando, 'bueno tal vez ella no hace comida y solo la vende'. Desde entonces intentó no asociar sus alimentos con la persona que los preparaba.
Llegaron luego al comedor, la joven no tenía ya mucha hambre pero estaba decidida a tragar las cosas sin permitirse saborear nada. La que había traído la comida con ella platicaba con otra señora:
Señora: “¿Dónde encargaron?”
Adia: “Con la señora de allá.” *imaginen un punto en la distancia, ahí es allá*
Señora: “Oh… yo no compro ahí. Una vez me ofrecieron un taco, y nomás lo abrí vi un pelo negro laaargo largo. Y dije no gracias.”
Adia: “Ahh…”
La joven que la hacía de oyente, no quedó muy contenta con ese comentario. Fue a comprar una soda, cuyo envase estaba cubierto de tierra. Así que se entretuvo un poco más, lavando la lata de refresco antes de sentarse a comer.
Luego empezó consumir sus alimentos justo de la forma que había planeado, sin oler, sin saborear, sin ver. Adia se preguntó, luego de unas mordidas, que tenían dentro las empanadas, ella respondió: “No sé. Ni quiero ver lo de adentro.”
Adia pareció no escuchar su comentario y respondió: “Ah. Es atún y verdura.”
Tal vez si no hubiera escuchado eso, no le hubiera dado por esculcar su comida. La joven removió un trozo de tomate (una verdura poco apreciada por ella) y es cuando descubrió lo que se ocultaba debajo de ella: Un pelo.
La joven piensa… aquí viene uno largo. Lo jala hacia fuera de puro morbo. Pero resultó que el pelo negro laaargo que ella esperaba terminó siendo mucho más corto.
Y enrulado.
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